Cerveza Artesanal: La Cibeles y Jerome

cerveza artesanal
Traemos dos cervezas artesanales producidas en Argentina y España, dándole hueco a estas cervezas que se están expandiendo por el mundo y ganando cada día más adeptos. La cerveza Jerone que por caprichos del destino se gesto en los Andes, la Cibeles que es un icono de la ciudad de Madrid y la fuente donde celebran las victorias los aficionados del Real Madrid...

Cerveza Jerome

Elaborada en plena Cordillera de los Andes, a casi 2.000 metros de altura, Cerveza Jerome, es el emprendimiento del grupo familiar de Eduardo Luís Maccari. La historia comenzó el 4 de abril de 1983, cuando Eduardo se enteró de que un hombre checo estaba perdido en la Cordillera.

Como hombre de montaña, inició una búsqueda junto con la Fuerza Aérea Argentina. Finalmente, Franta (Francisco) Hasek fue hallado a casi 6.000 metros de altura, en el Cordón del Cerro Plata. Pensaron que estaba muerto. Sin embargo, no dudaron en trasladarlo rápidamente al hospital donde terminó de recuperarse 30 días después.

En agradecimiento, Francisco invitó a Eduardo a visitarlo en Checoslovaquia, donde se enamoró de la cerveza. Después de años de investigación desarrolló su propia cervecería a imagen y semejanza de como trabajan en las cervecerías medievales europeas. Bautizada con el nombre de su amado perro, Jerome, actualmente cuenta con 5 variedades de cerveza (rubia, roja, diablo -rubia extra fuerte-, negra y original).

Cerveza La Cibeles

Pasión por la cerveza. Sin trampa ni cartón, ni siquiera una maniobra de marketing más enrevesada de lo habitual. La cerveza La Cibeles irrumpió con fuerza en los circuitos ‘gourmet’ madrileños y está a un solo paso de ocupar su sitio en las principales cervecerías de la ciudad. A base, exclusivamente, de amor por una cerveza elaborada artesanalmente.

Detrás de la compañía se encuentra David Castro, informático de formación. Hasta el año pasado su trayectoria profesional solo entendía de cables y de equipos en red. Sin embargo, al llegar a casa, este joven ‘gato’ ponía sus cinco sentidos en su 'hobby' preferido: hacer cerveza casera.

Con la ayuda de unas ollas, un puñado de fórmulas manuscritas y varias dosis de paciencia, David ha pasado más de una década proveyendo birra a sus familiares y amigos más cercanos. Le decían que tenía un sabor muy intenso, distinto, que era inconcebible que aquello saliese de una cocina normal y corriente. Y así, con el acicate que suponen las buenas críticas, cerró su sesión como administrador de sistemas y se enfundó el gorro de Maestro Cervecero.

Alquiló una pequeña nave en Alcorcón, materializó su idea en el Registro Mercantil y se centró en hacer tangible el sueño que llevaba incrustado en la cabeza. No fue difícil para un hombre que en cada viaje visita “una fábrica de cerveza como quien va a un museo”, una suerte de válvula de escape para expresar su admiración por los fermentados artesanos, de amplia tradición regional en Alemania y Bélgica.

Tan interiorizado tenía el concepto que la maquinaria industrial al uso no terminó de convencerle: “No quería una fermentadora enorme y programable, mi idea era algo más manejable. Así que dibujé unos planos y una empresa de ingeniería en Albacete me construyó todas las máquinas en un mes y medio”. Otras, como la embotelladora, las compró de segunda mano a otras fábricas para, con un toque aquí y otro allá, adaptarlas a la cadena de producción de La Cibeles. Su ingenio le permite producir 1.800 botellas a la hora con el mínimo personal posible.

Castro comenzó su aventura empresarial en julio de 2010 al igual que acuden los héroes a la batalla: completamente solo. Ejerciendo de hombre-orquesta mezclaba los cereales, corregía las fórmulas, controlaba la fermentación, alimentaba la embotelladora y colocaba su producto en cajas.

Escuchándole hablar de diferentes tipos de lúpulo, carbonatación y grados de amargor resulta difícil no atribuirle la autoridad de un Maestro Cervecero. Su brebaje es tan casero como las autoridades sanitarias le permiten. A diferencia de las cervezas industriales, La Cibeles suple el proceso de pasteurización con la presencia de levadura, devoradora de bacterias por excelencia, y tampoco añade dióxido de carbono para generar las burbujas. En su lugar, David prefiere que se cree naturalmente dentro de la botella una vez cerrada, lo que dilata a tres semanas el tiempo que la botella debe reposar antes de ser consumida.

El resultado es una bebida con más cuerpo que las habituales, ligeramente turbia, pensada para aquellos que quieren ir un poco más allá del clásico 'salir a tomar una caña'. "La cerveza es más que algo que se toma para aliviar el calor. Hay cervezas para cada momento del día, que deben tomarse desgustándolas, como una copa", explica el responsable.

Cervezas La Cibeles produce ocho tipos de cerveza que van de la Rubia a la Morena pasando por la Castaña, todas más chulas que un ocho. Y es que David, que es más 'gato' que Mesonero Romanos comiéndose un cocido, ha moldeado a su imagen y semejanza la personalidad jurídica: el logotipo corresponde a la diosa Cibeles, protectora de las cosechas; la tarjeta de visita es un baldosín, donde se baila el chotis, planea una serie de etiquetas con el oso y el madroño… y la implicación no se queda en la mercadotecnia: “Trato de que los productos, desde las botellas hasta las chapas hasta los cereales y las materias primas, sean de Madrid”, argumenta. De la castiza mollera de Castro también nacen las recetas, propias todas, que ha ido puliendo junto a su mentor, el maestro Boris de Mesones, único español presente en el jurado de la Copa del Mundo de cerveza.

Aún les quedan importante retos por delante: saben que el éxito pasa por ampliar su presencia en los puntos de venta y generalizar el boca a boca, a falta de presupuesto para campañas publicitarias. Les favorece la coyuntura, dado que las cervezas artesanas se han disparado en los últimos años y ya son casi 70 las marcas nacionales.
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