Mezclados y agitados

mezclados y agitados
En Barman in Red hay mucho material sobre escritores y sus bebidas, artistas de cine y sus cócteles, las mezclas más famosas de las películas de cine, etc. Ahora os traemos la reseña de un libro ´Mezclados y agitados`, ya el titulo hace referencia a la frase más famosa de James Bond ´Shaken, not stirred`, refiriéndose a su martini. Publicado por la editorial Debolsillo el libro trata sobre 39 escritores y sus cocteles favoritos: el chilcano de Vargas Llosa, el Negroni de Margarite Duras, el Papa doble de Hemingway, el cubalibre de Cortázar, el Julepe de menta de Faulkner, el margarita de Rulfo, etc...

La autora de la reseña es Rocío Huerta: "El tándem de vocablos ‘escritor’ y ‘alcohol’ ha estado siempre ligado a nombres potentes de la historia de la literatura, empezando por Bukowski,Truman Capote o Dostoievski. Es evidente que no todos los escritores han sido ni son alcohólicos pero, tampoco es baladí pensar que más libros de los que imaginamos nacieron en la barra de algún bar inmundo, en alguna fiesta donde el wiski seguramente corría a borbotones o en las mentes divagadoras y enturbiadas por la resaca del domingo. El escritor Antonio Jiménez Morato publica Mezclados y agitados (Debolsillo), una animada guía de los gustos espirituosos de Roberto Bolaño a Javier Tomeo, pasando por Fernando Pessoa o Dorothy Parker, donde reúne entre copas y letras a escritores brillantes o aburridos, ebrios o abstemios, y sus cócteles favoritos o más afines. Todo ello acompañado de la receta de cada uno de los combinados con los que exceder la fiesta más allá de la lectura".

Gabriel García Márquez, por citar a alguno de los 39 literatos que incluye la publicación, era un incondicional de un combinado cuya receta exacta el Nobel nunca ha hecho pública, pero sí se sabe que incluía ron, y que le recordaba “al olor de la guayaba podrida”. Morato ha adjudicado al colombiano el Añejo highball (el pelotazo añejo, en lengua profana), que consiste básicamente en ron añejo, coraçao, zumo de lima y unas gotas de Angostura. Todo ello servido en un vaso alto con mucho hielo.

Las narraciones de John Cheever están íntimamente relacionadas con Nueva York, donde vivió el americano. “Cheever bebía casi de todo, pero sin duda el vodka, la ginebra y el wiski eran sus licores más habituales. Y el manhattan está basado en el wiski”, cuenta el autor del libro. Pero la adjudicación de este cóctel a Cheever, explica Morato, se debe sobre todo a que como él mismo explicó, “de no ser por los dos que su madre se tomó una noche durante un banquete, sus padres no le habrían concebido, ya que eran una pareja en la que el deseo había muerto hacía tiempo. Alguna vez Cheever dijo que el desafecto de su padre fue una de las razones que lo empujó al alcohol”.

A lo largo de las 255 páginas del libro, Morato empareja así a cada escritor con su bebida más afín, ya sea por adicción o por uso social: Alejo Carpentier con el Daiquiri; a Marguerite Duras con el Negroni; a Julián Herbert con el Kamikaze; Tommas Mann con el Bellini; Juan Rulfo con el Margarita; William Faulkner y el Julepe de menta; Mario Vargas Llosa y el Chilcano; Julio Cortázar y el Cubalibre; Truman Capote y el Destornillador; Josefina Vicens y el tequila macho; Fernando Pessoa y el Porto flip; Jaime Gil de Biedma y el Sol y sombra; Hemingway y el Papa doble o Javier Tomeo y el café irlandés.



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