Ir al contenido principal

La cerveza de Dios

¡Dios existe! esta en Bélgica y es rubio, su nombre es Cerveza y su apellido Westvleteren, unos monjes fabrican desde hace siglos cerveza. Veintidós de ellos viven actualmente en las estrechas salas del monasterio de San Sixto. El más anciano tiene 99 años. Estos monjes, que pertenecen a la orden católica de los trapistas, encontraron cerca del pequeño pueblo de Westvleteren silencio y tranquilidad, hasta que una página web estadounidense descubrió la extraordinaria cerveza que se fabrica en el monasterio.  La coronaron como la mejor cerveza del mundo, y el revuelo y los turistas acabaron con la paz monacal.

"Esto ya no es normal", dice Mark Bode. El belga, de piel arrugada y tostada, está sentado en un restaurante frente al monasterio, y da vueltas a una taza de café. A su alrededor pululan grupos de excursionistas mientras los camareros sirven vasos llenos de la brillante Westvleteren. El hombre vive en la zona, y los monjes lo han nombrado su portavoz, ya que ellos no conceden entrevistas. "Guardan casi siempre silencio y sólo hablan cuando es realmente necesario", explica Bode.

Desde que un periodista belga descubrió el ranking que ocupaba la cerveza Westvleteren, en septiembre de 2005, Bode da casi diariamente entrevistas. Semana tras semana llegan turistas sedientos en viajes de autobús organizados. Pero los monjes "han luchado por su tranquilidad. No estaban preparados para un aluvión semejante", señala.

Hace siglos, los trapistas elaboraban cerveza porque el agua disponible estaba contaminada con sustancias que provocaban diversas enfermedades. "Hoy, la cerveza les ayuda a poder ser monjes. Hacen cerveza, pero el monasterio no es una cervecería".

Por eso, los monjes no aumentan su producción, pese a las numerosas peticiones al respecto. Producen 4.800 hectolitros al año, y después se acabó. Algunos de los otros cinco monasterios trapistas belgas producen hasta 120.000 hectolitros al año, y con esos ingresos compran lo necesario para vivir. El resto, lo donan. Durante 75 días al año, cinco monjes elaboran una cerveza rubia y dos negras, que tienen un porcentaje del alcohol del 10,2 y rellenan en botellas de cristal marrón oscuro sin etiquetas. Sólo el color de las chapas revela el tipo de cerveza.

La más fuerte, llamada Westvleteren 12, es también la más aclamada. "Sabe a higos dulces, pasas, azúcar moreno y frutos secos, buenísima", escribe un danés en RateBeer. John McKusick, que trabaja desde hace años en el sector de las bebidas en Estados Unidos, la describe como "el santo grial de las cervezas". "Uno debe beberla alguna vez".

Pero como sucede con el santo grial, es difícil conseguir una Westvleteren 12. La cerveza sólo puede adquirirse en el monasterio, unos 130 kilómetros al oeste de Bruselas, cerca de la frontera con Francia. Quien desee llevarse dos cajas de 24 botellines cada una, tendrá que llamar en un horario determinado, esperar que haya respuesta y dar su número de matrícula y de teléfono. Después, también en un horario determinado, tendrá que ir a San Sixto y recogerlas.

"Mi madre llamó durante tres horas y media hasta que finalmente obtuve respuesta", cuenta Maarten Zaal, que espera con su coche ante la casita desde la que se realizan las ventas. El hombre ha conducido durante tres horas desde Holanda sólo por la cerveza. "Es mi favorita y la de mis padres", explica.

Está prohibido revender las botellas, aunque hay bares en Bélgica donde se ofrece. Eso sí, casi nunca aparece oficialmente en la carta, y su precio es mucho más elevado. En el monasterio, 24 cervezas Westvleteren 12 cuestan 39 euros (56,6 dólares), pero en los bares por una sola cerveza pueden pagarse hasta 12 euros.

El hecho de que la producción sea escasa hace que la cerveza sea aún más apreciada. "Para nosotros no ha habido crisis económica", dice el portavoz del monasterio. "Vinieron incluso grupos de gerentes que pensaban que la escasez era una fantástica estrategia de marketing y querían informarse. Pero nosotros no hacemos publicidad. No queremos nada de eso", afirma Bode.

Entre tanto, el entusiasmo por la cerveza ha llegado quizá demasiado lejos, dice el catador de cerveza belga Ben Vinken. "No hay cerveza que valga el estrés que uno pasa si quiere comprar Westvleteren. Es una cerveza realmente buena, fantástica, pero en Bélgica tenemos entre 300 y 400 tipos de cerveza. En mi opinión, esto se ha descontrolado."

Y es que la Westvleteren se ha convertido en todo un mito, señala Bode. "Yo lo puedo entender, pero los monjes son gente normal. Cuando uno los conoce, no son para nada misteriosos."

Comentarios