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Leyendas del Tequila

Leyendas del tequila
El agave la planta del tequila tiene sus propias leyendas, vinculadas con las creencias sagradas de los antiguos habitantes de México, hoy os traemos dos leyendas, la de Mayahuel y la del Rayo. Según los aztecas, el agave tiene su origen en Mayahuel, diosa de la fertilidad y de 400 pechos. Un día, en un arrebato de rabia, Tzintzimitl, el abuelo de Mayahuel, arrasó al sol. Quetzalcóatl, el dios del sustento de los seres humanos y del renacer, se dirigió a los cielos para luchar por el retorno de la luz...

En su búsqueda, se enamoró de la hermosa Mayahuel, la secuestró y regresó a la tierra. Tzintzimitl se puso furioso y persiguió a Quetzalcóatl. Quetzalcóatl se convirtió a sí mismo y a Mayahuel en árboles, que crecieron juntos para agitarse y doblarse con la brisa y poder acariciar sus ramas mutuamente.

Pero Tzintzimitl los descubrió y, con furia ciega, despedazó a Mayahuel en un millón de trozos. Quetzalcóatl mató a Tzintzimitl como venganza y restauró al sol, pero su amor Mayahuel se perdió para siempre. Sepultó el millón de trozos de Mayahuel y regó la tierra con sus lágrimas.

Quetzalcóatl regresó todos los días a llorar a su amor perdido. Los dioses del cielo tuvieron lástima de él y decidieron dar vida a una planta mágica en este suelo empapado de lágrimas. Esta planta, el agave, recibió un poder especial, de tal manera que cuando Quetzalcóatl bebiera su jugo aliviara su dolor y le diera visiones.

La leyenda del rayo, la historia parte de la voz, del decir más viejo, al escuchar más joven. Así, de una generación a otra, de los abuelos a los nietos donde se da conocer el origen de la bebida que ahora nos reúne.

Esto es lo que se cuenta:

Luego de hacer buen uso de la pencas del Agave Azul Tequila Weber, donde se obtenía hebras de hilo con las que construían alpargatas, costales y lienzo; después de aprovechar las puntas para los clavos, alfileres y punzones, quedando como resto (el corazón de la planta) el cual era desechado.

Un día de tantos, ese tronco, ahora conocido como piña fue depositado en una fosa, entre leños y hojas secas, aquel era el sitio apropiado para que cayera el rayo, el cual provocaba un incendio que duraba toda la noche. Este fenómeno natural según la historia era manifestado desde la voluntad de la diosa Mayahuel, que era transformado en dulce.

El corazón o el centro del agave que anteriormente se desechaba comenzó a latir, y es cuando entonces los tequilenses percibieron el aroma del agave ya cocido y se acercaron, probaron la piña aun humeante, aprovechando el dulce y el aroma tan especial, optaron por ser llevado a casa para endulzar los alimentos y preparar bebidas refrescantes. Desde entonces las fosas fueron utilizadas para el mismo fin.

La obra de la diosa Mayahuel no concluyó. Ella, a través del calor, hizo que la bebida dulce se fermentara y se convirtiera en tepache o ponche, útil para las fiestas y rituales.

Así fue como lo que entonces se desechaba, se convirtió, en lo que ahora se bebe y lo que para muchos no existía, el corazón del agave comenzó a latir, beneficio y gracias de los que ahora nos reunimos para brindar y le llamamos Tequila.

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