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Cuando la historia se escribe con V de Vodka

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La historia se escribe con vodka. Documentos desclasificados por el Reino Unido desvelan que Churchill y Stalin limaron sus asperezas en plena Guerra Mundial a base de tragos en el Kremlin ...

El primer ministro británico Winston Churchill y el dictador ruso Stalin, consiguieron limar sus asperezas gracias a otra diplomacia, reservada solo para los aficionados a la botella: la diplomacia del alcohol.

En 1942, cuando el rumbo de la Segunda Guerra Mundial ya giraba a favor de los aliados, Churchill y Stalin intentaban ponerse de acuerdo en cómo derrotar a Alemania, pero no lo conseguían. La conexión entre ambos era más bien fría y sus primeras entrevistas, unas duchas escocesas en las que se alternaban la buena educación y la desconfianza mutua.

Pero a partir de un viaje del ‘premier’ británico a Moscú, todo cambió. Churchill, sabiendo que quemaba su último cartucho y que la relación podía torcerse definitivamente, le pidió a Stalin una reunión a solas. El encuentro, según revelan los documentos, comenzó a las 19 horas y los dos dirigentes permanecieron durante horas acompañados solo por “comida de todo tipo y un sinfín de botellas”.

La cita textual pertenece a Alexander Cadogan, entonces subsecretario de Relaciones Exteriores de Reino Unido. Cadogan fue llamado a la 1 de la mañana y en un estilo casi literario, cuenta en los papeles secretos lo que vio en aquella habitación del Kremlin. “Allí me encontré con Winston, Stalin y Vyacheslav Molotov –ministro de Exteriores ruso-, que se había unido a ellos, sentados, compartiendo una bandeja muy cargada de alimentos de todo tipo, coronada por un cochinillo, y un sinnúmero de botellas”.

“Lo que Stalin me hizo beber parecía bastante salvaje. Winston, quien en ese momento se estaba quejando de un leve dolor de cabeza, parecía sabiamente limitarse a beber un vino tinto europeo inocuo y efervescente”, continúa Cadogan; “Winston, ciertamente, estaba impresionado, y creo que ese era un sentimiento recíproco”.

Aunque Churchill haya pasado a la historia por su amor a los puros, las crónicas relatan también su estrecha relación con las bebidas espirituosas. Pero al parecer, nada comparable a la de Stalin, que además presumía de negociar mejor con los grandes bebedores. Aquella vez, la velada tuvo todos los ingredientes. Tantos que, a las 3 de la mañana, los invitados británicos tuvieron que irse corriendo para no perder el vuelo que les devolvería a Londres. “Nos hemos escapado, teniendo así el tiempo justo para llegar al hotel, hacer las maletas e irnos hacia el aeródromo sobre las 4.15 de la madrugada”. Setenta años después, quién sabe, quizá unas botellas de vodka ayuden a explicar el rumbo de la Historia.

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